Sí, estas vacaciones estuve en Viena. Me encantó.
Al margen del "mundo Sisí" del que me di mus atentamente, me gustó mucho la ciudad: sus casas con unos patios alucinantes, sus parques, sus calles, su temperatura (calor al sol, pero viento fresquito a la sombra), sus terrazas, sus restaurantes, sus mercados; vamos, p'a quedarse a vivir.
Como no podía ser de otro modo, vine cargadita de cosas: libros (aun en alemán, que no entiendo ni Pamplona, pero confío en google translator)
También me traje algo de charcutería: un salchichón que aún no he probado y una especie de salchichones chiquititos de jabalí con trufa que puedo asegurar son exquisitos. Los quesos aún no los he probado, de forma que ignoro si se parecen o no a los que tenemos por estas latitudes.
Me he vuelto a traer azúcar con gelificante que ya había encontrado en Suiza y que no veo por estos lares. Es fantástico para hacer mermeladas.
Por último, un kilo de harina. Me sorprendió que tenían poca variedad en todos los super que visité, no es lo que suele ocurrir por Europa.
Como siempre que viajo, busco especias, semillas y productos que no encuentre fácilmente por aquí, incluso desconocidos para mí. Encontré algunos en el super: pimienta de la cola del cometa (parece que es de Java, de sabor ni idea, aún no la he catado), pimienta salvaje de Madagascar (ya os diré qué tal), pimienta del archipiélago de Chiloé (aún no sé), hierba limón en polvo, semillas de amapola blancas y un encurtido que no había visto en mi vida y que según google son lirios en vinagre que probaré en una de las próximas carreras de fórmula 1
Pero cuando no me volví loca fue cuando visité Natchmarkt: pétalos de rosa y rosas secas, hojas de hibisco seco, unos pétalos de flor morada que ignoro de qué son pero me parecen tan bonitos, bérberos (una especie de uvas pasas rojas chiquititas), un polvo color vino llamado sumak que ignoro qué es (¿por favor alguien puede ayudarme?), sésamo negro, unos gránulos color beige llamados weihrauch que google me traduce como incienso (más ayuda por favor), hebras secas de sándalo, lavanda, psyllium, fenogreco, semillas de mostaza negras y vainilla en polvo.
Por último, al lado de mi hotel había varias tiendas de menaje y utensilios de cocina. Como la carne es débil (y más la mía) también caí. No se trata de cosas extrañas, pero los moldes de ravioli en formato grande y el cortador de tagliatelle llevaba mucho tiempo buscándolos, las tartaletas en silicona lo mismo, y justamente se me había roto mi rallador de microfine porque era de plástico y encontré éste de metal.
Y ya se ha terminado todo, mi post y mis vacaciones. Mañana de vuelta a la dura realidad.
















